“La narración, cuyo sujeto es el educador,
conduce a los educandos a la memorización mecánica del contenido narrado. Más
aún, la narración los transforma en “vasijas”, en recipientes que deben
ser “llenados” por el educador. Cuando más vaya llenando los recipientes con su
depósitos, tanto mejor educador será. Cuanto más se dejen “llenar” dócilmente,
tanto mejor educandos será.” FREIRE, PAULO, "Pedagogía del
Oprimido". Primera Edición (1970), Capítulo II, pp. 77-83.
ANÁLISIS: La educación de los educandos
no debe verse como si ellos solo fueran un recipiente vacío que se va llenando,
pensando erróneamente que en su base no tiene ningún contenido, el niño por
naturaleza ya viene con aprendizajes, tomando en cuenta que nadie le enseña a
deglutir al recién nacido.
Se cree que el educando
solo está para recibir un “comunicado”, entendiendo esto, dentro del ámbito
educativo, que es comunicarle al alumno sin esperar una respuesta de él, no
existe una interacción, un intercambio de ideas, solo una repetición y no una
reflexión, una crítica y un análisis. Como consecuencia de esto el educador
está formando a educandos pasivos, sin capacidad de expresión, socialización e
integración.
Los maestros son el “Dios”, por así decirlo, de
la sabiduría, cuando en realidad el sabio, para mí, es aquella persona que duda
de los demás que lo creen saber todo, aquella persona que no se queda con
dudas, exponiendo sus ideas y pensamientos, interactuando y criticando sus
saberes.
Esta educación
bancaria o tradicional esta mas dirigida a la tarea que el profesor debe
realizar, que a las acciones que el alumno debe ejecutar sin establecimiento o
especificación de las habilidades que se deben desarrollar en los educandos,
otorgándoles a éstos últimos el papel de entes pasivos en el proceso de
enseñanza al cual se le exige la memorización de la información a él
transmitida, llevándolo a reflejar la realidad objetiva como algo estático,
detenida en el tiempo y en el espacio, como si no contara de manera alguna la
experiencia existencial de quienes aprenden, o como si los contenidos que se
ofrecen estuvieran desvinculados, en parte o en su totalidad de la mencionada
realidad objetiva.
“En la visión “bancaria” de la educación, el
“saber”, el conocimiento, es una donación de aquellos que se juzgan sabios a
los que juzgan ignorantes. Donación que se basa en una de las manifestaciones
instrumentales de la ideología de la opresión.”
"Pedagogía del Oprimido". Primera Edición (1970), Capítulo II, pp.
77-83.
ANÁLISIS: la enseñanza bancaria deforma la creatividad necesaria del educando y del
educador, el educando sujeto a ella por causa del contenido cuyo "conocimiento"
le fue transferido, como si de un deposito se tratase, aprende a aceptar el
autoritarismo y el error epistemológico del "bancarismo". El educador no se comunica sino que realiza
depósitos que los discípulos aceptan dócilmente. El único margen de acción
posible para los estudiantes es el de archivar los conocimientos. Lo más importante en la educación
popular no son los conocimientos que se transmitan, ni el tratar de reproducir
comportamientos determinados, tal y como vemos en la caricatura de la izquierda
aquí presentada, sino, algo más fundamental que la misma educación: la persona.
Lo que da el sentido a la educación, es en este caso: la centralidad en el
proceso personal de cada individuo, el desarrollo de las personas; en otras palabras,
el valor fundacional es la vida.
La educación popular opta por la persona
individual y su contexto vital. Las relaciones profesor- alumno en la
educación popular no es una relación de poder, sino, de responsabilidades. Las
propuestas de la educación popular no son del profesor solamente, sino del
trabajo conjunto entre ambos. El profesor es un apoyo al grupo en su proceso
educativo. Sin embargo, tiene la importante función de hacer interactuar los
procesos personales sin hacer que deriven en relaciones de dependencia y
subordinación.
“El educador es quien escoge el contenido
programático; los educandos, a quienes jamás se escucha, se acomodan a él.” "Pedagogía del Oprimido". Primera
Edición (1970), Capítulo II, pp. 77-83.
ANÁLISIS: Con la educación bancaria no se llegará a ningún lado.
Con educadores que solo se mantienen inflexibles, que imparten, ordenan y
exigen y no precisamente exigen una reflexión, un análisis, sino un respeto,
una memorización, un silencio y una admiración, creyendo que con esto el
educando alcanza un óptimo aprendizaje. La función del educando es adaptarse al orden
establecido, que se produce a través de un proceso que elimina la creatividad,
la conciencia crítica, impidiéndole el diálogo.
Al educador bancario no le importa las diferencias individuales de cada
«alumno», sus estilos de aprendizaje, cuando en realidad se necesita de una
adecuación curricular para cada uno de los «alumnos». Es de suma
importancia que ambos trabajen juntos para lograr el objetivo al que se quiere
llegar y así empezar a transformar lo que es la educación, en aprendizajes
significativos. Es decir, llegar a la práctica de este, en hablar y actuar de
forma proporcionada, y ser un hombre de sociedad y no un hombre para la
sociedad.
